SUS PRIMEROS RECUERDOS DE TORENO
Teniendo unos dos años, un divieso en el cuello que estuvo en gran actividad manando pus mucho tiempo probó la ciencia y la paciencia de su tía Lola, quien lo curaba diariamente con algodones y sublimado.
Con cuatro o seis años, andaba siempre robándole martillos a su abuelo de una alacena que había en el pasillo, a la que apenas alcanzaba, puesto de puntillas, Por allí andaba siempre martilleando, pegando más golpes a los dedos que en los clavos. Hacían con ellos juego sus rodillas, descalabradas y sangrantes por las caídas, como seria más tarde por subir a los arboles en busca de nidos.
Gustaba de corretear por el salón de su casa con el triciclo que tenía Alipio, el de Evencio y Flora, que fue su primer amigo en el pueblo, por razones de vecindad. Con él iría , años después, en la adolescencia, a echar las cuerdas a las anguilas en una tablada de enfrente a Valcarral. Como siempre cogían algo al ir a retirarlas de madrugada, empezaron llevando unto para prepararlas y comerlas allí mismo, terminado llevando también pimientos, patatas y media batería de Cocina.....Su inexperiencia culinaria hacía que el preciado manjar se depreciase, saliendo salado pringoso de unto, quemado...Pero seguían yendo.
En cierta ocasión por inservible se lo ceden a Isabelina Diez, parienta de Francisco, la de ¨Serafín y esperanza, que andaba por allí apacentando ovejas.
Los nidos lo traían de cabeza. Y los pardales más. Era un experto en fabricar horquillas para tiradores, que hasta los vendía por una “perrona” para allegar fondos. No respetaba ni el calor del verano, bajo un sol vertical de unas tres de la tarde sin siesta, ya andaba Paco por la Cagalla -first class para el ejercicio de su puntería, por la Fornilla, el Cubillo, La Gandara... era un conocedor los recovecos ideales para la caza infantil. En invierno solía cambiar las forcilleras, tirando unas pajas sobre la nieve para armarlas, o buscando corrales o basureros, especialmente uno que había junto al pozo que había a veinte metros de la Picota, lleno de cenizas y con algún desperdicio. Incluso los cazaba con un cesto boca abajo cubriendo grano que sostenía precariamente con un palo atado a una cuerda, que manejaba desde lejos para hacerlo caer.
Ya a mis quince años al hombro, hacía mis delicias Angel El Boticario, que tenía el negocio en nuestra casa. En él admiraba- y copiaba, en lo posible- sus cambiantes aficiones. Unas veces, dibujando con carboncillo y lápiz compuesto el telón del escenario del teatro de mis abuelos ; otras veces, ayudándole a clavetear sobre un proyecto de avión, cuya estructura cobijaba en el hangar de nuestro corral, mientras Tantona elaboraba un motor que nunca hizo volar, artefacto ; otras, oyendo como rascaba notas a un violín que había comprado a unos gitanos, en mi presencia, por un frasco de colonia y 80 Pesetas ; otras, saliendo con él de “ paquete” nunca más útil mi diminutivo sobre una moto Indian, que levantaba polvaredas camino de Matarrosa ; otras, en fin, yendo con él a cazar pájaros con un sofisticado bastón-escopeta que armaba y desarmaba en un santiamén preparándolo para el disparo.
También se grabaron en mi memoria aquellos ocho años de cuando era un mocoso enclenque que pretendía dar a la manivela de un organillo que abultaba más que yo y al que apenas alcanzaba, para tocar las diez piezas únicas, irremediable y permanentemente repetidas, en los bailes del salón de casa, gratuitos por la bondad samaritana de mi abuela, que se contentaba conque sus cinco hijas tuvieran la diversión en casa.
Los años de la guerra, ya estudiaba de Bachiller en Ponferrada, acostumbraba a pasar mis vacaciones en Toreno. Aquí con Alipio Menéndez, con Amandin, con Titos el del medico, con Manolin Orallo y con otros amigos, procuraba mis abundantes ratos de esparcimiento. Recuerdo de esta época, en que yo andaba con una boina roja de pelayo, que un día se me ocurrió ir a coger cerezas de un árbol del Luengo, próximo a un prado que allí tenían mis abuelos. - !Nunca lo hubiera hecho !, desde el otro lado del río, a medio kilometro, vió mi llamativo señuelo encarnado el dueño del cerezo. Que era un caminero, padre de Herminia. Le faltó tiempo para contárselo a mi abuelo, quien me hecho el consabido rapapolvos por apropiarme de lo que no era mío.
De este desgraciado trienio de tiros, mil novecientos treinta y seis, mil novecientos treinta y nueve, tengo, sin embargo, unas memorias vivas y solazosas : las andanzas inseparables con mi primo Pepe Vuelta, argentino más español y toreniense que muchos, aún nos hace sus visitas.
Juntos andábamos por el monte, intentábamos ayudar a la vendimia en la viña o el lagar, íbamos a la sierra... O cantábamos tangos, a lo Gardel, viendo quien desafinaba más. De él se prolonga hoy en día la herencia. Y también, libres de compromisos de faenas productivas, íbamos a pescar, verbo que no era decentemente conjugado en la práctica, so pena de que algún “jurelin” tonto que se dejara poner la mano encima en el cachón, que era nuestra especialidad. Un día, tras largas horas de trabajo logramos aislar un circulo de piedras en las orillas de La Silla, donde cogimos una anguila. !Bien procuramos que el trofeo entrara en el pueblo suspendido de un garabito y bien visible, para poder pregonar nuestra proeza a los que nos cruzaban... !
Fue allí mismo en La Silla, donde mi madre tenía un prado vendido más tarde a uno de Librán , para allegar medios a una larga y costosa cura de reposo que yo hacía en la villa, en el que corrí una aventura de Tarzan incipiente con Aurelio, un criadin de Pardamaza que mis abuelos tenían para llevar las vacas al pasto, exminero y vecino hoy de San Roman de Bembibre. Yo quise levantar una choza elemental de troncos y hoja. Planee sabiamente su estructura, acopiamos material y pusimos el ramo. Todo fue muy bien, hasta que llego mi abuelo con un hacha y su reprimenda. Allí, ante mí flamante obra destruida, terminaron y se lloraron mis aficiones arquitectónicas.
HAMBRES Y PESTES EN NUESTRA VILLA
He leído varias páginas sobre el paso por Toreno de los Jinetes del Apocalipsis. En los siglos XVIII y XIX y, sin dudo, también antes, no dejaron de entrar a espada afilada en nuestra villa. La suave parsimonia, casi angelical, con que nos lo representa el iluminado beato del Burgo de Osma en el siglo XI, se torna ataque y dolor en los grabados de Durero en el XV, con la misma repentina actitud cambiante que nos brinda Electra transformando su lealtad en venganza. Y a este genero pertenecen, tristemente, los jinetes nuestros.
Ya he escrito sobre los incendios de Toreno en otra ocasión. Ahora, lo haré sobre el hambre. No es extraño que Hesiodo lo tuviera como una divinidad hija de la noche, Virgilio la colocara a las puertas del infierno y los lacedemonios la interpretaran como una mujer pálida, seca y arrugada, ojos muertos y brazos descarnados, porque terrible es su presencia y fatales son sus actos. En Argel, mató 300.000 árabes en 1.868, en la India 50.000.000 en el trienio1.898-1.9900, en el Pacto del Hambre, francés de 1.765 a 1.777 arrasó hogares y sembró miseria. Y así en muchos otros sitios. Veamos en Toreno, donde, gracias a Dios, no se llego a tanto.
A un simpático cura toreniense, don José Fernández Gil, que rigió la parroquia desde 1.777 a 1.816, debemos curiosas anotaciones sobre este punto. Nos dice que en el pueblo, en los meses de mayo a julio de 1.789, llego a pagarse la fanega de centeno a 70 reales, la de trigo a 100 y la cebada a 50, precios que corrieron paralelos a los de Castilla. En Barcelona, Valencia, y otras ciudades donde falto el pan, hubo motines. Y añade : “En el Vierzo fue donde menos se sintió el apuro, por haber bajado a los mercados bastante centeno de Galicia, cuyo país estaba sobrado en dicho año.
En el quinquenio 1.800-1.804 el pan alcanzó más precio. En la provincia de el Vierzo, llego a pagarse a 92 reales y más la fanega de centeno. “Así, o poco menos, lo cobro Diego Gago, cirujano, vecino de esta villa de Toreno arrendatario que era de los diezmos y rentas que ella lleva el cabildo de la ciudad de Astorga, y que antes eran de l dignidad de Ribas del Sil en aquella iglesia”. El año final de los cinco antedichos, tras precios en continuo aumento, alcanzo el trigo en Castilla la altísima cota de 200 reales la fanega, y en la misma proporción los demás cereales. El hambre se enseñoró del pobre, tocando también a Toreno, donde lo eran todos. Y todavía en 1.811 se pagó el centeno a 80 reales, el trigo temprano a 100 y el seruendo a 120. “De lo que siguieron enfermedades contagiosas”.
Pero sigamos con estos infortunios y pruebas que, unidas al hombre desde su barro primero, llamaron-y, lo que es peor, entraron- a la puerta de nuestra villa en los años 1.810 a 1.812. Por si fuera poco el saqueo de la intendencia francesas, esquilmando cosechas y ganados, los vecinos de Toreno, “agobiados de tanta calamidad y miseria que sufrieron por su esterilidad y cuantiosas raciones que hubieron de entregar a las tropas acantonadas en dicha villa partido del Bierzo, agotados ya cuantos arbitrios estuvieron a su alcance, se vieron en la precisión de echar mano a las rentas y primicias en grano que se paga a la fabrica de su iglesia parroquial”.
Esto es lo que expresan, Toribio Gómez, Manuel Velasco, Manuel Rubial y Juan Buitrón en una carta que enviaron al señor obispo el 3-3-1.820, años después de lo ocurrido. La situación de hambre fue tan desesperada que el pueblo no vio otra salida a su alcance. Lo tomado en los tres años ascendía a 193 cuartales y medio de grano.
Y aún no habían podido devolverlos, “por la falta e posibles en lo mas de sus vecinos, que cada día se aumentan y constituyen en el mas deplorable estado”. ¡Así de caótico¡ El obispo sabedor de que el concejo ha solicitado de la Hacienda Real la deducción de esta deuda en sus contribuciones para pasar su equivalencia a la iglesia, y considerando que los laboriosos torenienses “han contribuido hasta aquí y se han prestado graciosamente con sus personas, carros y bueyes a la conducción de acopios para las obras de que ha tenido necesidad la iglesia” accede a tal petición, en Astorga, el 14-11-1.820, de momento, se ha salvado el bache.
En esta hora de suplicas y lagrimas, también Francisca Alvarez, viuda y con cinco hijos, tira su cuarto a espadas alzando sus ojos al prelado y suplicándole, en 1.822, la rebaja a un “razonable” precio del “escandaloso” que en 1.811 se había pagado por el centeno, del que ella debe 9 cuartales, con monte de 420 reales, por un arriendo que a la sazón llevaba de la iglesia. “La escasez de aquel año 1.811 causó la mayor miseria”, nos cuenta el cura don José Anta en su nota.
El desfase de los precios puede comprobarse en el siguiente cuadro, confeccionado con datos de los libros, sobre el valor de cuartal de centeno.
Año1.804 a 14,50 reales. 1.811 a 46,50 reales. 1.815 a 11 reales. Año 1.820 a 5 reales y en el año 1.825 a 4 reales.
Tras el hambre, la peste. No sé qué habrá ocurrido en Toreno cuando la Peste Negra asoló Europa, reduciendo su población en una cuarta parte, a mediados del siglo XIV. Seguro que lo habrá padecido , y no con mengua , como ocurrió en toda España. Pero los muertos no hablan y las estadísticas se olvidan. Don José jugando a cronista nacional desde Toreno, nos recuerda una peste en Cádiz y Sevilla “que arrebató más de 20.000 personas, y otra en 1.804, aún más terrible, En Málaga y sus contornos, en que murieron muchos más”. Y otra de 1.812, ocurrida “en todo el reino, a causa de la necesidad y apuro en que se vieron las gentes, ya por la cortedad de las cosechas, ya por la opresión de los franceses”. Pero nada más nos dice concretamente de lo que entonces pasó en su parroquia de Toreno, aunque debemos presumirlo cuando nos apunta que “a las hambres se siguieron enfermedades contagiosas”, pues sabemos que en Toreno hubo mucha hambre.
Conservamos también la breve referencia de una peste de viruela pasajera, aunque grave para los niños. A ellos se refiere el párroco don Ignacio Anta Martínez el 26-10-1.887, con motivo de la ampliación del cementerio viejo, efectuada “para que pudiera hacerse en él, con la conveniente separación, el enterramiento de cadáveres, y sobre todo en la actualidad en que , con motivo de la peste de viruela, mueren bastantes, en especial niños.”
Hubo además una calamitosa peste, que muchos aún testifican : el jocosamente llamado “Mal de Moda”, como si de moda fuera el morirse. Ya escribí sobre ello en otra ocasión reciente, con cuadro estadístico, al hablar de una peste ponferradina. Costo a España 160.000 muertos, A León unos 5.000 y a Toreno 51. Los libros de la iglesia lo cuentan muy detalladamente, con nombres y fechas. Mientras los dos años anteriores y posteriores dan una media de 15 mu345ow anuales (1,3 al mes), los nueve primeros meses de 1.918 dan 2,4 muertos por mes, y solo el de octubre ¡25¡. Los dos primeros fallecidos lo fueron el día 2 y los dos últimos el 25.
Transcurrieron 23 días de pánico y horror. Hasta que la gente se fue acostumbrando. Luego, como desafilada la guadaña de la Parca o cansado su brazo de segar vidas, todo paró repentinamente.
Las campanas, que ya en los últimos días habían cesado de encordar en evitación de alarmas, lo hicieron ahora definitivamente. Los últimos dos meses del año fueron normales, con solo dos decesos cada uno. El Turiferario descansaba y el pueblo renacía. ¡Ya se podía, al fin, dormir tranquilo¡.
ALGUNAS ANECDOTAS AMERICANAS DE PELIGROS SALVADOS
Pampa el Infierno (Argentina), siete de diciembre de mil novecientos cincuenta y tres. Estaba yo en las selvas del Chaco Argentino. Acostumbraba a dormir en un camastro, al aire libre, porque había calores de 50 grados a la sombra durante el día. Por la noche me levanté para acercarme a un charcón donde orquestaba una sinfonía de animalillos. Iba descalzo. Dos perros me acompañaban. De pronto, como por un resorte, se lanzan sobre algo que esta a dos metros delante de mi. Yo no la había visto. Luchan con ello. A la luz de un farol, pude comprobar después que se trataba de una víbora coral venenosisima, rota ya, pero aún moviéndose, que inevitablemente hubiera pisado. ¿Estaría ahora yo aquí contando esto ?.
Las víboras me traían a mal traer. Allí vi a una yayará que se había metido en el horno, y todavía conservo el cascabel de una serpiente matada también allí. Y así mismo descubrí una araña pollito, grande y ponzoñosa, que se movía lentamente a un metro del inodoro, donde yo me santaba ignorándola.
Cuzco (Perú), veintisiete de Octubre de mil novecientos cincuenta y tres. En el imponente Machu Pichu peruano ante las hermosa s ruinas incas de una ciudad casi tallada en piedra, con la terrible y hostil naturaleza del cañón del Urubamba y el ruido del río Vilcarota -afluente del Amazonas- por fondo, me quede solo y perdido. Se hizo denoche. Tenía miedo. Quise refugiarme en una cueva, que ya había sido ocupada por un siguairo, especie de gran liebre sin cola, que salió de estampida al verme. Los dos nos asustamos. Seguí camino por el precipicio que llevaba al río, en el fondo del tremendo valle, casi a tientas entre la maleza, logré llegar hasta alcanzar un rústico puente. Nunca rece tanto como aquel día en el que creí llegaba mi ultima hora, impotente ante la soledad y la naturaleza agresiva. Me orientaba por el ruido de las aguas. Atravesé dos túneles a tientas, tocando con pies y manos los raíces que las tinieblas me ocultaban. Hasta que, cansado pero vivo casi resucitado, alcance una casucha de madera, donde un hombre taciturno y temeroso ante mí fantasma me dio un caldo que me supo gloria. En un pobre lecho único mueble de un cuarto levantado sobre una roca volcada al río, aún tuve tiempo para escribir trece páginas en mi diario -sagrado cometido que jamás marginaba- y descansar de una memorable jornada de aventuras.
Chucllas (Bolivia), Veintiuno de Noviembre de Mil Novecientos cincuenta y tres. Desde Cochabanba, donde acababa de abortar una revolución, (a mí fue la policía a buscarme en La Paz, creyéndome implicado), camino de Aiquile, voy pasando Punata, Montepunko, Totora..... Hay un frío temible, y cortante. Es el cuchillo del Altiplano. Voy echado sobre un camión de cemento, donde los indígenas que me acompañan han apartado sacos de cemento, para echarse y aprovechar su calor. Me meto entre ellos y me cubren con su tabardo. Hablan de en aimará. Me miran y se sonríen, enseñando la ventana de sus dientes rotos, por donde fluye un leve hilillo de saliva verde de coca. Vamos saltando sobre un imposible camino empedrado. De pronto, exactamente a las 21,50, ascendiendo la endemoniada cuesta de Chullas, retorcida y pedregosa, el camión se clava. Voy a bajarme, cuando me veo casi colgado al borde de un precipicio,. Lo estimo en unos 150 metros cortados a pico. El Dodge había roto una ballesta delantera, desplazándose su eje y perdiendo la dirección. Medí la distancia salvadora para el recuerdo : la rueda delantera derecha estaba exactamente a dos palmas de aquel infierno sin fondo. La habilidad del conductor, la excesiva carga en una pendiente arriba, y mí ángel particular sobre todo, ,e habían salvado de la muerte segura. Improvisando un arreglo con correas y palos -aún hoy me pregunto cómo-, la habilidad del chofer nos puso de nuevo en camino ; pero yo, buscando trampolín para el salto, cambié mi lecho de tumba fracasada por un asiento sobre el mismísimo de los cortados del camión. Ni que decir tiene que cuando hicimos un alto para reparar sueño, mis flacas y doloridas posaderas pedían a gritos un reposo mejor y baños calientes.
CALAMIDADES METEORICAS SOBRE TORENO
Un día me contaba María Orallo, nogenaria de esta villa, que su abuelo le hacía invocar a Santa Barbara, después de los rosarios : “Santa Barbara bendita nus libre de rayus y centellas, de muerte repentina, y nus deje morir no sin lus Santus Sacramentus.”
¡Pobre María, como si aquella santa romana -en la que creo por fe y por ser mi patrona artillera-, lejana ya de nosotros , diecisiete siglos, fuera capaz de apagar tanta chispa y de acallar tanto trueno cayeron por aquí¡
Tampoco Marte, hijo mítico de Júpiter y Juno para Homero y del suave perfume y de una flor para Ovidio, toroso, imponente, cósmico y guerrero, de voz ronca y casco destellante, hubiera soportado tanto látigo celestial sobre la deidad maléfica con que Sofocles la coronará. Y volviendo a la santa -a quien Dioscoro, su padre pagano y cruel, encerró en la torre de Nicomedia, su símbolo iconografico, para facilitar el crimen-, decir debo que Toreno la veneraba con hondas creencias pueblerinas. Ahí esta, sino, el grito hecho de piedra bajo el campanil cimero de la iglesia de Santa Leocadia del Sil :
“JESUS MARIA JOS/ESTA TORRE SE DIDICA/SANTA BARBARA BENDITA/QUE DE RAIOS LA DEFIENDA/A TODA ESTA FELIGRESIA.”
La truncada versión de verso y la sintaxis incipiente y bárbara, que cada lector puntuará a su gusto, dicen bien a las claras del temor de unas gentes al cielo físico y del amor al cielo eterno.
Y va ya de agua y de riadas. Las avenidas del Sil, tremendas y repetidas, hicieron en Toreno de las suyas. El 6 de Agosto de 1.656, ante el escribano, el juez ordinario y diversos testigos, se inspecciona el puente de la villa, estropeado por las corrientes. “Habiendo visto que uno de los pilares.... se desmorono....y se esta socavado y arrancados muchos cantos de la cepa de uno de dichos arcos......y que, si no se repara, se puede caer presto”, se saca a subasta publica entre seis pujadores. Se le adjudica a Martín de Vallespino, en 1.500 reales. El puente quedo reforzado y retando al río, que al fin será el vencedor, un siglo más tarde como ahora veremos.
Será el párroco, don Juan Alonso de Cifuentes, quien nos lo narre con pelos y señales :
“El día veinte y cinco del mes de febrero, año de mil setecientos y cincuenta y ocho -así con letra, para que no quepa error-, entre nueve y diez de la mañana, se caio el puente de esta villa de Toreno.”
Otra nota, insiste en que la obra a “se arruino totalmente”.
Se crean con la catástrofe problemas religiosos y de conciencia . Los enfermos e impedidos de Torenillo no pueden recibir los Santos Sacramentos. Tampoco se pueden traer los muertos a sepultar en la iglesia. Los campesinos no pueden pasar el río para hacer sus labores en viñas y sembrados. Los animales tienen vedados muchos cotos de pasto y de entrepanes. Se palian las dificultades como se puede. Y, a la buena de Dios, un paso de barca de servicio precario pero indispensable por la Casa de Joncones -La del Chico del Río-, en el Fresnin.
El Ilustrísimo y reverendísimo señor obispo concede su urgente facultad para instalar el Santísimo en la ermita de San Lázaro, donde también se enterrarán los cadáveres , ínterin se restablecen los servicios ordinarios por el puente. Y así con esta prestación de circunstancias, los torenienses van tirando , mientras las obras se ejecutan. El 10 de Setiembre de 1.761, se coloca la primera piedra.
El 18 de Octubre, en el tiempo récord de treinta y ocho días, se pone la clave, “después de aver estado en grave peligro de que una havenida que hubo lo llevase con las acimbres”. Debió participar todo el pueblo en la obras, y acaso los de fuera.
Repasemos ahora un dato que nos lega don Juan Alonso, el presbítero toreniense :
“El día de La Magdalena, año de 1.761, caio una terrible tempestad en el termino de este lugar, Librán, Villar y Santa Marina, de piedra y agua, que nos arruino totalmente los frutos que no estaban segados, de suerte que el daño que solo en Toreno hizo a las posesiones de prados y biñas que llebo, la regulan en 10.000 ducados. Cifra respetabilisima, si equiparamos el ducado a 11 reales ó 375 maravedies, ó 5,17 pts de 1.930. O acaso se pondere mejor su importancia recordando que reparar la cepa del puente costó al pueblo un siglo antes 1.500 reales, es decir, 136 ducados.
Haciendo camino, nos toca ahora apagar la sed de noticias torenienses en la fuente simpática y fresca que hizo manar la pluma del que fue dura propio de Toreno, a caballo entre los dos últimos siglos, don José Fernández Gil. Y en verdad que se saborea. El invierno de 1.777, enzarzadas en los tres ganchos de sus sietes, “fueron las nieblas excesivas y tenaces, como nunca se habían visto”. Y, como si tuviera la visión de que su escrito podría hoy salir a la luz el cura advierte : “lo cual todo pongo aquí para memoria futura”.
No fue aquellerre de brujas, sino asamblea de santos la que debió sugerir al pueblo que pensara en un remedio celestial para poner fin a sus cuitas cuando, en años después, con agua a mares, se decidió a elevar una instancia, sin pólizas ni números de registro, sino, simplemente, de lágrimas y rezos, al Dios mismo, por mediación de la Virgen. El asiento dice :
“El año de 1.778 se llevó la imagen de María Santísima de Monserrate, que se venera en la iglesia parroquial de esta villa de Toreno, a la ermita de el Santo Christo, en publica procesión. Y allí se tuvo nueve días, en que se hicieron, preces, suplicas y rogativas a Su Divina Majestad, para que se dignase serenar el tiempo. Hizo tal en dicho año, que desde principio de octubre hasta mediado de diciembre fueron las aguas continuas y abundantes, de manera que con dificultad, mala razón y desconsuelo sembraron las gentes algunas heredades, quedando mucho por sembrar. Mucho de lo que se sembró, fue ya por San Andrés, y alguna más tarde.”
Pensé que nuca me llegaría la carta sobre el resultado de estas invocaciones, pero halle a renglón seguido que plugo al Todopoderoso apaciguar los elementos. Así se escribe :
“Con todo, mantuvo Dios el tiempo suave y con calor bastante, para que lo sembrado naciese.”
No hace mucho tiempo me enteré que triscaidecafocos son los que siente horror al número trece ; hoy me entero que, con igual retorcido nombre, son ceraunománticos los que adivinan por medio de las tempestades. Pues a uno de estos oráculos sabelotodo, que dejarían corto al mismísimo calendario zaragozano, tendríamos que preguntarle, el porque de tantas calamidades desatadas sobre nuestra villa. Y es que los turbiones y las granizadas, los remolinos y las crecidas, las trombas y los huracanes, conjurados sobre Toreno, parecen haber sido el pan nuestro de cada día. Así el el 23 de abril de 1.781, día de Santo Toribio, cayó tanta piedra y con tal fuerza sobre el pueblo que “destruyó la mitad y más de la cosecha abundante que estaba demostrada en la oja de abajo”.
Por lo que, dada su importancia, el gracioso curilla nos recomienda más información suya con unos latines : “Vide latius al fin del libro corriente de difuntos”.
Y efectivamente, consultado el referido libro, se ve la confirmación de la catástrofe : pérdida de la mitad del pan en el término de la villa y todo el de Santa Marina.
Pero la mano no paro aquí. Rota la mar de sus campos con el desastre por vela , el toreniense no tiene arribada al puerto de los frutos perseguidos , los libros lo dicen : “El año de 1.781 estuvo llobiendo en el mes de mayo, y, casi sin cesar todo el de junio. En el de julio hubo fuertes tempestades por quince días continuos y algunos ayres solanos, motibo por que se experimentó en el Vierzo, gran quiebra de la abundante cosecha que estaba prometida de todos los frutos. En una de dichas tempestades, que fue el día de Santa Marina y Nuestra Señora del Carmen, de resulta de aver descargado la truena de este día con gran porción de agua azia Villar, tomó tanto la reguera que sale a Torenillo, que se entro por los linos, a quienes hizo mucho daño, como también a muchos prados”.
Lluvia, tempestad aires solanos, truena.... La escoba del averno goza con barrer la villa. Como remate, “El río estubo sumamente cenagoso por cuarto días, por haber echado a él la fuerza de las lluvias toda la tierra de las montañas.”
Se incluye en la redondeada de este caos diluvial a Toreno, Santa Marina, los Tombrios, Librán y Santa Leocadía, incluso a las extrapoladas, Laciana y Omaña. Y, al hacer balance de daños la evaluación alcanza “muchos millones de reales”. Como garantía de la verdad de la tragedia, nos remite el domine al “Libro de qüentas de fábrica, circa finem”.
No son frecuentes en nuestro tiempo las trombas y los vendavales, pero lo fueron antes, cuando los hombres andaban más atados y los vientos más sueltos. En 1.782, registran los libros parroquiales un terrible “ayre uracán”. Debió ser fuerte para escribirse. Tan fuerte debió ser, que el mayordomo de las ermitas de la villa, Tomás Buitrón, hubo de dar treinta reales a un innominado maestro de obra para que compusiesen los tejados de las ermitas de San Andrés y San Vicente, todas la cuales “quedaron bastante deterioradas” con el eólico meteoro.
La breve pausa de un trienio despertó con más furia en 1.785 de nieves largas, las cuales, al decir de nuestro improvisado cronista el presbítero, fueron lo mismo que las de 1777, es decir, abundantes y duraderas.
Y nos aproximamos ya a nuestras fechas. Otro eclesiástico pendolista, conocida ya de muchos, de los de ahora vivientes, don Ignacio Anta, nos perpetua el recuerdo de la famosa “crecida del nueve”, como se le bautizo y aún se les llama por los que la vieron :
“El 22 de diciembre de 1.909, después de grandes llubias, creció tanto el río Sil que los vivos no acordaban otra crecida semejante, haciendo el río grandes daños en las fincas de las orillas”.
José Velasco, el de la tía Carmen, carialegre y cachazudo, expresivo y locuaz, con sal a raudales y una bondad halagadora, quien su bodega del camino de Tombrio me brindo hace casi veinte años, (lo escribía González en el 86), unas horas de solaz veraniego y fresco, nos lo recuerda en voz magnetofónica con un encanto dialectal.
“La cricida del riu del año nueve, ¡me cagu´n lus demonius¡, esa.. ya naide quiria pasar pol puente. ¡Retembraba...¡ Nun faltaban más que dos metrus pa tapalu. N´aquella llama q´hay en la maquina (el molino) del outru lau, qudoulé un más lus fuseirines, y andaban lus ratones allá un picu.... Y ese prau de la Brimeda...cubríulo todu.... Tenia ahí pur arriba el tiu Pedro tres sastañales..... ¡hala, pur debaju´l puente...¡ y parou ahí un Retorno, que cumiolo todu... Choupus y umeirus... Bajaba una cogorda de leña pur encima del agua de mas de do metrus. ¡Un ruido metían los murrillos...¡ Un demoniu´u umeiro atrancóuse.... ¡vai marchar´l puente¡ D´alli un ratu, apretoulu´l´agua.. ¡pum¡ rumpíu, pegun´n estallido..., bajou más de veinte carrus de morga qu´estaba´trancada....
De esta crecida y en semejantes términos me hablaba mi abuelo paterno, recordándome haber dejado su prado de Vella de Vella cubierto de troncos y arrasado también la primer Fuente del Azufre de Ponferrada. Los libros del archivo de la iglesia siguen relatando :
“En la noche del 16 de diciembre de 1.910, después de quince días de continuas y copiosas llubias, creció el Sil tanto o mas que el año anterior, aunque no duro tanto la crecida, ni hizo tanto daño”.
Me aseguraba el mismo bonachón de José que en 1.914 había venido otra crecida igual. Aunque no puedo avalarlo por mi mismo, porque no estaba yo en esta vida, si doy testimonio de la de invierno de 1.938-39, creo que fue hacia febrero de 1.939, porque en mi Ponferrada de avecindamiento, me hizo correr, con los demás estudiantes del Instituto, como lamía casi las altas ventanas de la fábrica de la luz, sobre el puente de la Puebla, causaba estruendo sobre el propio puente, arrasaba campos, y patria y llevaba la carretera de Orense en lo que hoy es el Desvío, nombre que le viene de la obligada circunvalación que hubo que hacer entonces. Posteriormente se rectificaría de nuevo su trazado.
También tengo registrada y fotografiada la avenida del 31 de Marzo de 1.962, que hizo de las Huertas del Sacramento o de Los Nogales un tremendo lago, llegando a lamer y amenazar sus aguas la carretera o calle de José Antonio. En Toreno, esta y la anterior, debieron ser igualmente de fuertes.
Estos como anales de la iglesia que venimos siguiendo anotan :
“El día 12 de enero de 1.911, cayo una nevada de medio metro y principio a helar enseguida, sin dejar derretir la nieve en todo este mes y parte de febrero, durando la nieve algo mas de un mes”.
Nieve y hielo, ¡Que malos aliados !. de ello nos habla el simpar José :
“¡0y, home ! ¡Y las nevadas... ! Ahora nun nieva... Nosotros teniamus ganau de cabras, ouvejas..p´hacer abonu. Venia una nevada... Había que salir cun palus pa desvenar, pa sacar el ganau a pacer algu. Y ahí sacamus, pa ese jardunal d´abaju, pa Castillu Furmosu, cun palas, a desnevar y a sacudir así lus jardones, pa que las cabras cumieran algu....Caían unas nevadas muy bárbaras,. Y unas heladas que cauajaba´l agua desde eiquí hasta´l puente, cun unos rebaladeirus que nun pudías sacar los buies a beber agua, ni nada, q´había que salir cun picus a picar´l hielu, que criaba una cuarta de gordu. Una vez nesa calle, qu´estaba abesela, de lux teitus bajaban unus cirus d´arriba cumu altares, hasta que pegaban un suelu”.
Y, después el sol a plomo :
“Pu´l vranu, calentaba´l sol, ¡recoñu ! q´andabamus segando la yerba y´l pan, que nun parabamus a la sombra nin fuera, que sáhugaba unu de calor !
Fue de clerigos y de labradores la palabra y mía solo la pluma, con ella contando y recontando páginas de pena por cuatro siglos torenienses, dejo mi punto final chorreando aguas y enfilando vientos. Del otro jinete fatal, el de la Guerra, tal vez rememoremos su galopada otro día.
LOS CURAS DE TORENO
No sé porque el tema me atrajo. Acaso fuera porque, desde el punto de vista histórico., hay con frecuencia una mención de curas en hechos y documentos. O porque no se puede hacer historia sin clérigos. Dicho en otras palabras : esto que aquí brindo es algo más que una mera relación de nombres : es un calendario, un método de dotación de acontecimientos. Muchas veces leo en los papeles : “siendo cura don fulano de Tal...”, y me quedo sin saber la fecha, pero conocido el nombre y con este índice, podemos situar el asunto.
Esto que antecede es la causa de que haya tenido paciencia de ir sacando curas de los libros de la iglesia parroquial de Toreno -incluso sus firmas, que curiosamente acompaño-, para dar a conocer todos los que, desde el año 1.588, en que empieza a encontrarse algún papel suelto en el archivo, han estado ejerciendo el cargo de párroco o cura propio de la iglesia parroquial del pueblo, o bien el de ecónomo, en funciones de párroco.
Los hubo que nos legaron noticias curiosas, marginales a su especifica función pastoral. Don Juan Alonso Cifuentes, nos habla del deterioro del puente en 1.752, de su ruina en 1758 y del granizo en 1.761. Don José Fernández Gil, de su papel histórico informativo, confiesa sus anotaciones con esta aclaración : “Lo cual todo pongo aquí para memoria futura”, recogiendo las nieves de 1.777 y 1.785, las procesiones y rogativas de 1.778 para calmar el temporal, la tempestad de 1.781, las carestías de vida de 1.789, 1.800 y 1.802, las hambres y enfermedades contagiosas de 1.804. don Benito García, más empeñado en registrar multas, nos brinda las que impuso entre 1.737 y 1.739 a vecinos del pueblo por no oír misa obligatoria, por no cumplir con el precepto anual de la comunión, por ser mujer respondona, por trabajar en domingo, por hacer bailes y fiestas nocturnas en casa...
Es una pena que no tengamos documentos más antiguos. De todos modos, contento puede estar el pueblo de disponer de libros regularmente desde 1.597, habida cuenta de que fue en el Concilio de Trento (1.545-1.563) donde se mando llevarlos. Y me consta y agradezco que, para bien de todos, don Nicasio, recientemente fallecido, los tuviera tan celosamente guardados.
Consignaré los oficios con que figura en los papeles y también las fechas extremas de su ejercicio, que no representan exactamente las tomas de posesión y cese, la primera y última que constan de su intervención en los libros parroquiales.
Vamos a ello :
Francisco Velázquez, bachiller, 24-4-1.588 al 1.593.
Francisco Velázquez, bachiller y Juan Hidalgo, clérigo capellán, 1.593, 7-1-1.599.
Antonio García , clérigo vicario, 10-12-1.660 a 11-01-1.601
Andrés García Marcuello, licenciado, 19-06-1.601 a 25-01-1.607.
Sebastián Fernández, 26-06-1.607 a 04-05-1.642.
Juan Fernández, bachiller y cura propio, 23-09-1.642 a 01-10-1.669.
Santiago Fernández, presbítero (con licencia) 29-12-1.669 a 28-02-1.671.
Juan Fernández., Santiago Fernández, y Pedro Gómez 1.671 a 19-11-1.679.
Pedro Fernández, licenciado, 03-03-1.680 a 21-09-1.693.
Pedro García, presbítero vicario, 31-01-1.694 a 21-12-1.694.
Francisco Rodríguez Araujo, cura propio, 13-02-1.695 a 05-09-1.700.
Lorenzo Gómez, Juan Gómez, Miguel de la Fuente, Diego Alvarez y Juan Fernández Vuelta, vicarios, (con licencia de Fco. Rodríguez), 21-11-1.700 a 23-10-1.712.
Francisco López, vicario, 01-12-1.712 a 08-12-1.716.
Carlos Cerdán, cura propio, (alternan como vicarios, Juan Florez Buelta, Felipe Alvarez, Juan Rodríguez y Andrés Arias), 11-03-1.714 a 04-011.733.
Benito García, cura propio, (alternan los vicarios, Pedro Amigo y Pedro Francisco Vuelta.
Juan Alonso de Cifuentes, cura propio, 19-02-1.749 a 01-08-1.775.
José Alonso., vicario, 28-09-1.775 a 08-07-1.777.
Francisco Fernández Gíl, cura propio, 31-07.1.777 a 19-04-1.816.
Domingo Alvarez, vicario en sede vacante, 12-05-1.816 a 12-07-1.818.
Hilario Gómez Villeta, Vice. Sede vacante, 02-08.1.818 a 20-05-1.819.
Miguel Atanasio del Peral, cura párroco, 16-08-1.819 a09-03-1.865.
Juan Antonio Quiroga, cura ecónomo, 30-03-1.865 a 15-04-1.866.
José Isidro Alvarez, cura propio, 06-05-1.866 a 10-06-1.880.
Manuel González, cura ecónomo, 16-10-1.886 a 10-06-14-02-1.887.
Ignacio Anta Martínez, cura propio, 31-10-1.887 a 24-07-1.915.
Ricardo Alonso Montiel, cura ecónomo, 31-01-1.916 a 05-07-1.916.
José Ferreiro González, cura párroco, 19-05-1.917 a 30-05-1.931.
Francisco García, párroco encargado, 06-02-1.932 a 22-02-1.936.
Alvaro Pardo Velasco, párroco encargado, 06-02-1.932 a 22-02-1.936.
Francisco García, encargado, 07-031.936 a 28-08-1.937.
Nicasio Campillo Marbán, ecónomo hasta 1.963, párroco recientemente fallecido, 05-11-1.937 a 1.984.
32. Manuel González Martinez, 1.984.....
Aquí se puede dar finalizado los curas de Toreno, pero haciendo mas historia, hay que hacer mención a Nicasio Campillo Marbán, que ha sido el cura que más años ha estado a cargo de esta parroquia.
Toda la vida, fue una ilusión contar con algo propio de Fco. González. El me dice que me gustaría. No es que me guste, no tengo palabras para describir esta dedicatoria de la persona que más admiro y puedo decir , quiero: MI MAESTRO. (Plaza de Picota de F. González, 1.939)
Esto es a grandes rasgos un poco de lo mucho que se puede escribir de Fco. González. Seguimos trabajando en esta página para ir incorporando poco a poco la que podamos ir recopilando.